Hemeroteca del mes abril 2008

LAUREN MENDINUETA, LA VOCACIÓN SUSPENDIDA… Y REANUDADA
Por Antonio Sarabia

Cuando conocí a Lauren Mendinueta (Barranquilla, Colombia, 1977) una de las primeras preguntas que le hice fue si, en alguna parte de su pretigioso currículum vitae, existía una estadística sobre posibles suicidios entre sus lectores. A ella le hizo gracia la broma. Lauren es una mujer alegre, risueña, afable, afectuosa, simpática. Nada en su comportamiento habitual permite suponer la a duras penas contenida descarga emocional que nos desgarra en su obra. Su estilo es reflexivo, sobrio, conciso, desnudo de adornos que no estén vinculados a los grandes arquetipos elementales. Pero cada uno de sus versos nos sacude, nos estremece, con el suave y eléctrico trepidar de una tristeza, una desolación, un abandono que viene de muy atrás, de muy hondo, de muy lejos, y que remueve dentro de nosotros, como rozando las íntimas cuerdas de un diapasón ancestral, la evidencia de nuestro propio desamparo ante las insidias del tiempo, del desamor, de la soledad, del desarraigo y de la muerte.
Esto se hace aún más evidente en su más reciente trabajo, La Vocación Suspendida, que fue presentado el sábado 26 de abril durante la entrega del Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos al que ella se hizo acreedora el año pasado. En él, la poeta llega a dudar del sentido de su propia vocación, sobre todo en el doloroso poema final. Sin embargo, es la escritura misma del poemario en el que la pone en entredicho lo que la alienta a reactivarla.
En el último párrafo de su magnífico prólogo, Jon Juaristi, quien presentó el libro en la ceremonia de Albox, escribió:
La vocación suspendida es un poemario orgánico, cerrado, completo: una teoría del “dolorido sentir”, tensa hasta el desgarramiento y, a la vez, contenida. Lo suficientemente contenida como para permitir una lectura analítica y serena, que no es poca virtud y maestría. Lauren Mendinueta se revela aquí como una de las voces más individualizadas de su generación. Una voz extraordinariamente madura, dueña de sus recursos, que ha sabido edificar una tradición a su medida, sin dejarse dominar por ella, sometiéndola a lo que debiera ser el proyecto de todo poeta auténtico: la creación de un personaje dotado de una vida moral autónoma. En la obra de esta joven autora latinoamericana, con una evidente vocación universal –no ya suspendida, sino activada por su residencia lisboeta-, se encuentran algunas de las claves de lo que será la mejor lÌrica del siglo XXI, en el que la poesía renueva su vigencia ancestral”.
Enhorabuena, Lauren, por tu nuevo poemario. Permítenos adjuntar, más abajo, una breve selección de los poemas que contiene. Seguro que lo agradecerán tus lectores.

ASÍ PASAN LOS AÑOS

Pasan los años,
y aunque la vida me acusa de inmovilidad,
también yo he viajado.
Como una partícula de polvo
he revoloteado por la casa y me he prendido a los libros.
Como un insecto he reposado a la orilla de las acequias,
o simplemente he sido una mujer que de tarde en tarde
ha mirado hacia el mar
buscando barcos olvidados por la neblina
y que vuelven a la memoria,
sin esperanza distinta de la muerte.

BOGOTÁ, DESPUÉS DE UNA VISITA A HELENA IRIARTE

No hay relación entre las cosas
y aquello que las encarna.
La realidad acaso es un vacío
y el reflejo en los espejos
la evidencia de su precariedad.
Los nombres van por el mundo
retratando la angustia de no ser lo que nombran.
La gente corre afanada hacia el vagón del metro
o el autobús porque la vida depende de un concepto.
Tampoco la puntualidad corresponde a su palabra,
Pues no se puede llegar con retraso al destino.
¿Es posible que convivan alma y cuerpo?
¿no serán un binomio inseparable,
una sola cosa que no sabemos nombrar aún?
En estos temas, como en tantos otros,
me atropella la retórica,
y vuelvo a preguntarme si será posible
nada más vivir.

OLVIDO DE MÍ

Octubre ha llegado dominado por las lluvias,
y los demás meses lo han seguido hasta aquí.
De repente este amontonado tiempo lo ha llenado todo,
el verde de la casa, las sillas, la manta que cubre el piso
cuando en el verano me recuesto a leer.
En mí no es posible el abandono del tiempo,
la gracia que supone el olvido
me hubiese salvado de esta invasión.
Ahora debo caminar con cuidado
para no maltratarme con tantos recuerdos.
¿Me engañaré o será verdad lo que voy a decir?
Renuncio a esta visita, no le temo a la soledad.

LA TORRE DE MARFIL

El mundo es una torre de marfil, en vano
busco una puerta en sus paredes curvas.
Parezco una actriz representando a un borracho,
camino tratando de hacer una línea recta,
nunca eses. No soy una profesional
de la actuación, ni siquiera me le parezco,
pero caminaré tratando de hacer una línea recta.
A veces me siento frente al ordenador y busco
toda clase de cosas, desde zapatos hasta amor.
Y sí, todo lo encuentro allí, porque el mundo es una torre
y estoy atrapada con todo lo demás, es inevitable.
Cuando me miro al espejo me sorprende lo común
que parece mi rostro, y me digo:
es bueno ser tan común, no te asustes.
Vuelvo a sentarme frente al ordenador y encuentro
las mismas cosas, todo, todo, hasta el amor.
Y allí mismo, tecleando,
trato de comprender
por qué me siento libre en la jaula del pájaro.

EPITAFIO EN LOS DÍAS HABITUALES

Me pregunto cuál es la defensa de esta terca pasión,
por qué no fui costurera, vendedora de cigarros, bailarina o actriz.
Sobreviví por costumbre como las aves del cielo,
nunca estimé la moda tanto como a los nenúfares en su limbo,
visité catedrales y amé la inmovilidad de los cementerios.
Magnífico hubiera sido elegir otras tareas
y no esta vocación suspendida
a la que la mente, de la mano del oficio, me arrastró.

LA VOCACIÓN SUSPENDIDA
A Pierre Klossowski, in memoriam

No es honesto detenerme tratando de justificar con ideas
lo que es vida en la vocación,
ese algo que está a medio camino entre el color de mi atmósfera típica
y la punta de la realidad.
¿Cómo entender la pasión exclusiva por un oficio
que lo remplaza todo, que todo lo justifica en su complacencia?
Si escribo puede ser que alguna vez devele una verdad
por las rutas adonde me arrastra mi sangre.
Soy libre porque estoy presa en el engaño que supone todo misterio.

POÉTICA

Que mis poemas sean ligeros
como hojas vivas
que dibujan formas tenues
sobre muros deslucidos,
es un deseo estúpido,
así lo siento.
Espero más bien,
que sean tan sólidos
como el puente de mis pies
en los sombríos caminos de la tierra.

Etiquetas: Escritores colombianos, Lauren Mendinueta, poesía

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Ayer, 23 de abril, se cumplieron doce años de la muerte del gran escritor ruso Joseph Brodsky. Por la gran admiración que le tengo al autor, no podía dejar que la fecha pasase inadvertida en Inventario. El tiempo corre deprisa. La crónica que publico abajo la escribí hace ya siete años después de una visita a Joseph Brodsky en su última, y por ahora definitiva, morada en el cementerio veneciano de San Miguel.

JOSEP BRODSKY, TODAVÍA NO MÁRMOL

Italia es un sueño que sigue repitiéndose
 durante el resto de la vida.
Anna Ajmàtova

Tomé el tren a las nueve y treinta, en una de las noches más frías del otoño de Viena. Traía la maleta de mi abuela Mercedes, mi London Fog, un ejemplar de Marca de Agua de Joseph Brodsky, dedicado para mí por Álvaro Rodríguez Torres, y un par de botas negras. Cómo definir lo que sentía, ese tren que tomaba iba a Venecia. Y aunque el tren marchaba hacia delante en el tiempo, gastando las últimas horas de octubre de 2001, también retrocedía hasta 1991 cuando desee por primera vez visitar el puerto sobre el Adriático. Esa noche, superpuestos la marcha del tren y mi recuerdo, no viajaba, permanecía frente a la realización de mi deseo. La noche colaboraba a mis sensaciones simulando la nada. El tren se internaba en un túnel que me llevaba sin escalas de Viena a Venecia, de Barranquilla a Venecia. Así, sin tiempo ni espacio, abrí el libro de Brodsky.
En el invierno de 1972 yo era un alma sin peso y Joseph Brodsky llegaba por primera vez a Venecia, acompañado de su maleta y vestido en su propia London Fog. Ambos nos dirigimos a una cafetería; ambos, Brodsky y yo, esperábamos a una veneciana; ambas venecianas llegarían retrasadas, y en el espacio de nuestra espera percibíamos la marca imborrable de Venecia. De Venecia lo primero que uno siente es su olor. El mar se le viene a uno de golpe y lo sacude. Para mí, su olor es el de la lluvia sobre el mar, el del agua marina mojada por el agua celeste.
La vista, que es avasalladora, porque aminora con su fuerza la percepción de nuestros otros sentidos, no interviene mayormente si uno llega en tren a Venecia. La estación de Venecia tiene el encanto de lo bien conservado, y si no encontráramos, tan pronto nos bajamos del tren, la Mc en rojo y amarillo nos parecería estar llegando a una estación del siglo XVIII. Desde la estación del tren uno no ve a Venecia si, como el poeta ruso, llega en invierno y de noche. Tampoco verá la ciudad si es otoño y amanece envuelta en una espesa bruma.
El retraso de mi amiga, la poeta Silvia Favaretto, empezaba a inquietarme, y justo cuando me disponía a moverme de sitio, temiendo haberle entendido mal, apareció ella, vestida en impecable negro, sonreía entre alegre y apenada. Desde el Vaporetto vi por primera vez la ciudad. Mis sentidos pasaron pronto a ser suave acompañamiento. La vista en Venecia, actua como el dedo de un fotógrafo, el cuerpo se transforma en cámara. Instalada en la habitación del palazzo sentí la ciudad detenida en ofrecida belleza. A diferencia de otras ciudades en las que uno presiente se está perdiendo un acontecimiento irrepetible, a Venecia uno puede recorrerla como a un álbum de fotografías, intemporal dentro de múltiples temporalidades. Cuando antes del viaje leía Marca de Agua, me gustaba pensar que como Brodsky visitaría Venecia, ahora que he vuelto siento nostalgia pues mi viaje es ya el pasado y el pasado es padre de la vida como el agua es su metáfora.
Brodsky volvió todos los inviernos con dos o tres excepciones debidas a ataques cardiacos propios o ajenos. La muerte, que con frecuencia nos impide los retornos, le devolvió para siempre a la ciudad. San Michele es el nombre de la isla cementerio de Venecia, allí fui con Silvia para visitarlo. Mi viaje a San Michele no empezó esa mañana del 31 de octubre; había empezado unos meses atrás cuando el poeta Alvaro Rodriguez Torres descubrió que Joseph Brodsky había sido enterrado en Venecia. Él, que tal vez lo escuchó en la radio, y sabía de mi amistad con la poeta veneciana, me envió el dato por email. Yo, a mi vez, le escribí a Silvia Favaretto contándole de nuestra gran admiración por el poeta ruso, y le pedía visitara la tumba llevándole una flor blanca. Para nosotros simbolizaba un homenaje no sólo a Brodsky sino también a Anna Ajmátova, nuestra amada Anna, y en ellos a toda la poesía rusa. Bogotá- Barranquilla, Barranquilla, Venecia, el homenaje incluiría una ciudad más, un poeta más.
Silvia me respondió que aunque ella lo ignoraba pronto descubriría en qué isla se encontraban reposados los despojos del poeta ruso, y, por supuesto, prometía llevar la flor. Transferida la respuesta vía email a Bogotá, Alvaro Rodríguez le escribió al poeta Jorge Bustamante en México contándole de nuestra»intriga internacional». Con Bustamante en Morelia, mejor que con nadie, se completaba nuestro arrojado homenaje. Jorge vivió en Rusia y es uno de los mejores traductores de la poesía rusa al español. Blok, Ajmátova, Sologub, Mandelstan y otros grandes poetas le deben bellísimas traducciones. Pero sobre todo yo, que no leo en ruso, le debo a Bustamante mis primeros acercamientos a esa maravillosa poesía de alma triste.
Todos estabamos emocionados, esperábamos que Silvia escribiera, enviando incluso una foto, sobre su visita a Brodsky. Los afanes diarios entre la universidad, el trabajo y los viajes, le impidieron a Silvia completar lo planeado. Así que esa mañana del 31 de octubre, ella y yo veríamos por primera vez la tumba y colocaríamos la flor blanca. Pero, ¿cómo encontraríamos la tumba de Brodsky? Desembarcamos en una isla casi sobre poblada y sin dirección. Una isla bellísima adornada por lápidas de mármol, bóvedas que ostentan nombres de duques, marqueses y marquesas, bellísimos ángeles y vírgenes que osaron mirar hacia atrás y en sus rostros quedó detenida para siempre la tristeza, paredes con largas inscripciones en latín que hablan al unísono de la furia de Dios y su misericordia. Belleza y silencio. Nos deslizamos entre árboles apenas vestidos de hojas, caminos cada vez más solitarios. A veces nos deteníamos frente a la tumba de un hermoso adolescente, los italianos adornan sus tumbas con fotografías estampadas en porcelana.
Una hermosa música se escucha
mientras el invierno despierta alrededor
está claro que en el puerto de la vida
la muerte es la única soberana (…). El poema de Anna Ajmátova, la traducción de Bustamante, se me vino a la boca; lo escuché como si de otros labios saliera, como si se completara letra por letra en aquellos difuntos. La isla de san Michele tiene tal encanto que uno podría elegirla como residencia inmediata. Uno podría como el personaje de Thomas Mann, Gustav Aschenbach, sumergirse en la agradable monotonía de la isla y elegir la muerte en Venecia. Después de caminar muchísimo, y casi a orillas de la resignación, nos topamos con una guía, una mujer muy joven. Silvia le preguntó por Brodsky, ella amablemente nos regaló un mapa. Sí, allí estaba la tumba, cuidada y llena de flores, en la lápida su nombre en caracteres latinos y cirílicos y las fechas pertinentes. Sobre la lápida un buen número de conchas marinas, treinta y tres, ¿traídas hasta allí para conmemorar la infancia del poeta a orillas del Báltico?
Si San Petesburgo es la Venecia del norte, Barranquilla es la Venecia efímera de América del Sur. Nací en la calle Felicidad, entre Cuartel y Líbano, en la casa de mis abuelos paternos Mercedes y Antonio. La noche de mi nacimiento llovió, abril aguas mil. Cuando llueve en Barranquilla la ciudad se transforma de terrestre a fluvial. Uno puede ver como automóviles y buses son arrastrados por las fuertes corrientes de aguas negras. No hay elementos insólitos bajando por las corrientes. De pequeña vi a mi abuela arrojando el colchón de Israel, un empleado suyo enfermo y muerto de cáncer en la garganta. Vi pasar frente a mi casa: mesas, camas, espejos, cuadros, todo un mobiliario. Mi abuela vio pasar al primer muerto en un arroyo, un médico que se ahogó dentro de su automóvil. Para mí el agua ha sido fascinación y miedo. Crecí frente a un canal efímero. El acontecimiento más importante de mi infancia fue mi primera comunión. Yo habría querido llevar el cabello largo y ensortijado, en cambio mi cabello era liso y me lo cortaron formando un círculo alrededor de la cabeza. Pero aún así fue el día más feliz de mi infancia. Esa mañana llovió. Llegué a la catedral con mi vestido blanco ribeteado por el negro de las aguas. Frente a la tumba de Brodsky sentí en el aire esa mezcla de nobleza y vigor que se respira ante el monumento de un héroe conocido. Brodsky es la imagen de la serenidad en medio de la desgracia, de la gracia en medio de la tortura. ¿Acaso es posible en nuestro tiempo un heroísmo que no incluya la resignación? Bogotá-Barranquilla, Barranquilla- Venecia, Barranquilla- Bogotá, Bogotá- Morelia, Morelia- Venecia. Alvaro- Lauren, Lauren- Silvia, Lauren- Alvaro, Alvaro -Jorge, Jorge- Silvia, Todos-Brodsky. El mar debajo, fina playa, todavía no mármol.

Etiquetas: autores rusos, Josep Brodsky, poesía, Viajes

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Hoy, Día Internacional del Libro Y Día del Idioma Español, quiero compartir con ustedes un artículo escrito por Javier Rojaheilis sobre la presencia y el futuro de nuestra lengua en La Red. Estoy segura de que se sorprenderán.

El ESPAÑOL Y LOS TEMORES DE SU PRESENCIA EN INTERNET


Las estadísticas del uso del castellano en internet, aunque sean engañosas, han alarmado a algunos que ven que nuestro idioma no tiene en la web una presencia que sea equivalente a su número de hablantes.

Por Javier Rojahelis | © El Mercurio (Fragmento)


¿El español corre el peligro de convertirse en una especie de lengua muerta en internet? La pregunta que, a primera vista, podría parecer exagerada, no lo es tanto para aquellos que han revisado las estadísticas que entregó Funredes en su último informe sobre la presencia de idiomas en el ciberespacio. En concreto, las cifras de dicho estudio mostraban un desalentador panorama del uso del castellano: sólo el 3,8 por ciento de las webs que hay en la red corresponde a páginas escritas en español… un porcentaje que deja a nuestro idioma por debajo del francés, que tiene 4,41%, y del alemán, que exhibe 5,9% (y qué decir del inglés, que se ubica por lejos en el primer lugar, con 45%). Aparte del bajo porcentaje que presenta el español, se produce la paradoja de que este resultado no guarda relación con el hecho de que tanto la población de francoparlantes (130 millones) como la de habla alemana (100 millones) son inferiores a la población de hispanoparlantes (350 millones). La pregunta que cabe, entonces, es: ¿por qué nos ganan en internet idiomas que tienen mucho menos hablantes que el nuestro?



Los buscadores


Antes de intentar responder a esta interrogante es necesario precisar que Funredes (cuyo estudio es frecuentemente citado para alarmar de la pobre situación del castellano en la red) sólo se preocupa de la presencia de las lenguas romances (las derivadas del latín) en la web, pero sin tomar en cuenta otras lenguas como el chino o el japonés (que se supone ya están en los top five de internet). También hay que considerar que el criterio utilizado por Funredes sólo se refiere a la existencia de páginas web y no a los comportamientos de usuarios que son los que le dan vida y movilidad a la web, por lo que no es raro que su estudio se contradiga con otros rankings en donde el español aparece en un cuarto lugar superando al alemán y al francés en el uso de internet. ¿Qué demuestra esto? Simplemente que las cifras estadísticas siguen siendo muy relativas. Es más, en la propia Funredes admiten que para este tipo de mediciones tienen que echar mano a los típicos buscadores (de esos que utiliza cualquier usuario común y corriente como Google, Yahoo, etc.) y que el problema de estos buscadores es que no tienen la capacidad para seguir el crecimiento exponencial de los contenidos que los internautas están generando diariamente en la red. De hecho, algunos buscadores sólo logran “peinar” entre 60 y 80 por ciento de todo el terreno ciberespacial, incluso menos. Primera conclusión entonces: un buscador no refleja todo lo que está pasando en la web respecto de nuestro idioma. Segunda conclusión derivada de esta primera: toda estadística que depende de buscadores muestra sólo una porción acotada de la realidad.



El chileno de Wikipedia
Para intentar zanjar estas preguntas lo que queda es mirar los sitios que generan contenidos (ver recuadros). Y, especialmente, al más emblemático de ellos en el tema de la difusión de artículos: Wikipedia.

Actualmente la versión española de Wikipedia posee 351 mil artículos (lo que equivale al noveno lugar del ranking), una cifra más baja que la que presentan otros idiomas, como el alemán (736 mil), el francés (640 mil) e incluso el portugués (371 mil). El inglés, por su parte, nuevamente se escapa de la lista con una wiki que tiene más de dos millones de artículos.

Curiosamente, tratando de averiguar sobre qué pasaba con la wikipedia en español, nos topamos con un chileno: Juan David Ruiz, quien es abogado y trabaja como uno de los encargados de la versión hispana de la Wikipedia. En concreto, él es un administrador con privilegios especiales para borrar páginas y bloquear a otros usuarios, es decir, una especie de policía. De paso, Ruiz nos cuenta que la Wikipedia en español fue impulsada ni más ni menos que por un chileno que usa el nickname de “Astrónomo” (supuestamente alusivo a su profesión).

Ruiz relativiza los datos sobre tráficos en internet: “las estadísticas son difíciles de conseguir y tampoco hay registro de la cantidad de veces que se ve una página”. Para él, el registro de las visitas es algo que le interesa a páginas que tienen un perfil comercial. “En realidad, a la mayoría de los editores de wiki no les interesa si los artículos son leídos o no”.



Calidad versus cantida

Pero no todo es fair play en esto de subir contenidos a la web. Ruiz cuenta que, por ejemplo, la Wikipedia en portugués utiliza robots para subir contenidos y que 50 mil artículos de dicha wiki (que ahora posee 371 mil artículos) habrían sido realizados de esa manera… artículos que obviamente no son de la mejor calidad. Frente a esto, Ruiz plantea: “Hay distintas filosofías de cómo se debe hacer crecer en la red y los portugueses piensan que un mayor número de artículos (aunque tengan muy poca información) es más útil que no tener nada. La política de la wiki en español, en cambio, va más bien por el lado de la calidad. Preferimos tener contenidos de mayor calidad que deficientes”.

Por esta razón, para Ruiz, la supuesta desventaja del español frente a otras lenguas no es un problema real. Para él lo que marca el desarrollo de los idiomas en la web tiene que ver con la formación de comunidades, algo muy afín con el sentido interactivo de la web 2.0.

”La Wikimedia (que es la Wikipedia más otros proyectos de contenidos asociados) busca que las personas que estén interesadas en proyectos se junten y creen fundaciones nacionales que apoyen el desarrollo de los contenidos libres”. Más allá de los meros clicks y los robots.



Entre Gutemberg y Cervantes
Otro de los ejemplos que se han invocado para mostrar la desidia de los usuarios de habla hispana es el proyecto Gutenberg (que sube libros para que se lean gratuitamente en la web). Dicho sitio posee sólo 180 libros en español. En inglés, en cambio, hay 21.453 títulos, lengua a la que le sigue el francés, que cuenta con 1.167 libros. En todo caso, el español no es el único que flojea en esta lista… pese a los 1.300 millones de habitantes que tiene China y a sus 210 millones de internautas, en Gutenberg se han subido apenas 196 libros escritos en chino. También cabe decir que este proyecto nunca ha despertado un masivo interés.

La otra cara de la moneda la representan iniciativas como el Centro Virtual del Instituto Cervantes. Su director, Ramón Tijeras, cuenta a El Mercurio que en la actualidad el CVC “es un portal consolidado, con cerca de dos millones de visitas mensuales y con más de 100.000 páginas dedicadas a los más variados ámbitos de la cultura hispánica y diversos servicios”.

 


Cifras


12 Lenguas que dominan prácticamente todo el espacio de Internet. En el mundo hay un total de más de 6 mil lenguas.


Puesto del español entre los idiomas más usados en Internet según algunos rankings.


3,8 Porcentaje de páginas web creadas en español.


113 Millones de internautas hispanohablantes (de una población de 350 millones de hispanohablantes).


351.000 Artículos en la Wikipedia española, versus los 2 millones de artículos en que tiene la Wikipedia en inglés.


60 Porcentaje de las búsquedas en español de Google que provienen de América Latina.


0,005 Porcentaje de las publicaciones científicas en español.

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Etiquetas: Celebraciones, internet

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De un tiempo a esta parte me encuentro con frecuencia libros de Ruth Fainlight (Nueva York, 1931). El primero lo compré en Gijón el año pasado y se titula Feathers (Plumas). Este libro, bien editado en México por El Tucán de Virginia, tiene para mí una sola debilidad: los poemas fueron traducidos por tres personas. Se nota que no hicieron un trabajo en equipo, sino que se juntaron las traducciones arbitrariamente. El resultado es una mezcla en la que aparecen tres voces que no siempre se corresponden. Lo bueno, es que la editorial publica el original junto a la traducción. Después he ido encontrando de manera misteriosa otros títulos: The Know y Sibyls and Others. Es una autora que me gusta porque suele componer sus poemas con una graciosa ironía. En su voz se siente un compromiso con la historia, y particularmente con la historia de las mujeres. Refiriéndose al poema Papel azúcar-azul Valerie Meyer escribió: “Con humor le quita al poema el estorboso fulgor de la celebridad obtenida por conocer a los célebres.” Estoy totalmente de acuerdo, pero además comparto con la autora esa huella indeleble que deja el encuentro con los personajes que admiramos: yo también estuve en la puerta de Anna Ajmátova y tampoco pude entrar.

PAPEL AZUCAR-AZUL (fragmento)

I

Tratar de describir un color
por comparación y por metáfora
es tan fútil como intentar
tararear las melodías que escucho en mi cabeza.
Sin embargo pensé que todos sabían
lo que significaba papel azúcar-azul.

Papel —azúcar— ese papel espeso, duro,
ligeramente granulado en la superficie, salpicado
de pálido azul marino, que se pega o se dobla hasta hacer
bolsas de azúcar. La siguiente imagen:
mi madre y mi tía con los dedos pegajosos
en la tienda de ultramarinos de la familia.

Después de la escuela, empujando un cucharón de metal
dentro de un peludo costal de yute
a través de la escurridiza humedad,
ellas llenarían esas bolsas, luego harían su tarea.
Ustedes entienden, no hay prueba
de que esto ocurrió en realidad.

Estaba tratando de describir una habitación
en Leningrado (en el 65
ese era aún el nombre de la ciudad), los muros pintados
del color tradicional del siglo diecinueve,
el color al que llamé papel azúcar-azul
frente a una amiga en Nueva York, años más tarde.

II

Era el estudio de los padres de mi guía,
dos educados Peterburgueses
que habían sobrevivido al sitio,
dijo su hija, con los cuerpos demacrados
y unos ojos enormes como los ojos de Ruvlev
en los íconos del Hermitage —“Así
nos veíamos todos” —, y ahora, orgullosamente,
me mostraban libros, álbumes, panfletos
que protegieron durante los años terribles.

Di la vuelta a las páginas de papel delgado o grueso,
pensé en aquellos escritores y artistas
que se fueron a los gulags o a Paris, consciente
de estar tocando reliquias sagradas.

“Aquí está el primer verso publicado de Mandelstam”, Traducía
Galya. “Estos grabados en madera son de Goncharova,
y miren: Blok, Bely, Gumilev.”
“¿El afortunado que se casó con Ajmátova?”
(Así era yo de exhibicionista) “Sí” confirmaron ellos.
“Y este es el libro con la serie de poemas
dedicados a ella por Marina Tsvetaieva”
quien los tituló La Musa, y después dijo:
“Leo como si Ajmátova
fuera la única persona en la habitación.
Leo por la ausente Ajamátova”.
Quien no los escuchó, sino que llevó el manuscrito
en su bolso por años, hasta
que se partió de los pliegues y se desbarató.

III

Tal vez yo no tenía más de doce años cuando,
en el librero de mi tía, hecho de caoba con el frente de vidrio—
cuando limpiaba el polvo de sus intrincadas patas en forma de garras,
las guirnaldas de las hojas se balanceaban envolviendo
las cadenas de torsos femeninos
que surgían de las columnas laterales
como cariátides desnudas, o
como mascarones gemelos de ojos fijos
y rostros severos de implacables Sinos
en la nave de la espera
en la que ese librero (la misma pieza está ahora
en mi departamento de Londres; ese objeto singular,
cuya apariencia y contenido, me temo,
formó mi gusto para todo) se transformó—
encontré lo que sólo puede llamarse
“un delgado tomo”, con pastas blandas,
en una escritura y lenguaje desconocidos.

No recuerdo a la tía Ana traduciendo
una sola línea de sus páginas, ni explicar
jamás cómo logró adquirirlo.
Sin embargo me dijo algunas cosas sobre la mujer
que lo escribió —la primera vez que oí
esas palabras: Anna Ajmátova—
después, me pregunté qué tan importante
pudo ser la coincidencia del nombre para ella,
mi tía, que desde los días de empacar azúcar en bolsas
se veía a sí misma como una artiste manquée.

IV

¿Eres admiradora de Ajmátova?
Era, sin duda, una pregunta capciosa.
Rostros blancos brillando sobre negro
paredes azules y estantes de libros
como bustos de mármol en una biblioteca
los tres me miraban atentos.

“Tú sabes que no hablo ruso. Pero
hay algunas traducciones…”
No podía seguir así. Me sentía ridícula.
“Ahora está enferma”, decía Galya,
“pero sigue en el mundo.
Y qué buena vecina.”

¿Vecina? Era difícil imaginarla
en una situación tan mundana.
Como la seda tensa de un paracaídas
que se colapsa hacia adentro, que se hincha
con los vientos contrarios, las barreras
del tiempo y del espacio cambiaron de forma y de significado.

“¿Oyes ese sonido?” Mi incisiva mirada siguió
a la de Galya hacia el techo. “Ella debe sentirse
mejor hoy, está caminando en su habitación”.
“¿Anna Ajmátova vive arriba?”
Mi atemorizada, incrédula voz
Crujió como el entarimado del piso.

V

Preguntas suspicaces:
como si fuera necesario oír el simple hecho
reiterado una vez más;
implorando que me ayuden de alguna manera
a conocer a la famosa poeta,
a la testigo,
al monstruo sagrado,
a la anciana, mujer moribunda
— o al menos
que me ayuden a verla—
aunque sea sobre el hombro
de alguno de ellos, que pudieran tocar
a su puerta y dejarme ver
incluso si es sólo por un instante—
únicamente entreverla — un vislumbre—
Anna Ajmátova:
mi obsesiva
exigencia sobrepasaba todo pudor.
Pero ellas con firme insistencia, repetían
cada vez que yo preguntaba, que lo que
yo quería era imposible.

IX

Lo que yo quería era imposible. Lo que
yo quería hacía incómoda el resto de mi visita.
Muy pronto Galya y yo
estábamos diciendo adiós a sus padres
—a ese bello estudio tapizado de azul—
y bajando las escaleras.
Los mismos peldaños, etc, etc.
Todos los pensamientos obvios.

Me detuve para ver hacia arriba la fachada gris
(un agraciado edificio, tal como lo recuerdo) y,
creyéndome muy lista, pregunté como si nada
“¿Cuál es tu ventana?” Medio reacia,
medio divertida, ella me dio la respuesta que yo esperaba.

Hubo un tiempo,
en los cuarentas, después de la guerra,
cuando había guardias apostados
afuera de su casa,
y Anna Ajmátova
estaba obligada a aparecer,
mañana y noche, en su ventana,
para confirmar que no se había escapado
o matado.

Aunque me mantuve de pie
por mucho tiempo al día siguiente
en la acera opuesta
y miré fijamente hacia la ventana
esperando ver, detrás
del acucharado encaje de azúcar de la cortina,
la imagen borrosa de un rostro
que pudiera ser el suyo,
nadie estaba ahí.

Etiquetas: autores norteamericanos, poesía, traducciones

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“La Entrega de Premios Dardo 2008 se abre paso entre un gran elenco de Premios de reconocido prestigio en el mundo de la literatura, y con el reconoce los valores que cada blogger muestra cada día en su empeño por transmitir valores culturales, éticos, literarios, personal, etc.., que en suma, demuestra su creatividad a través su pensamiento vivo que está y permanece, innato entre sus letras, entre sus palabras rotas”.
Le agradezco a Fátima Fernandez Mendez, autora del blog Muchacha de sal, que haya galardonado a “Inventario” con el Premio Dardo 2008 por su aportación literaria. Fue una sorpresa enorme: yo no tenía la menor idea de la existencia del premio. Este primer reconocimiento que recibe el blog, lo comparto con todos ustedes, lectores, colaboradores y amigos.
En seguida encontrarán los nombres de los blogs que para mi concepto también merecen recibir este reconocimiento. Para conocerlos hagan click en la columna “recomiendo visitar” . Los galardonados deberán aceptar la distinción y proponer a sus nuevos ganadores.

Por su aportación literaria:
Los convidados (blog de Antonio Sarabia)

Por su aporte a la divulgación de la cultura clásica:
Tradición clásica (blog de Gabriel Laguna)

Por su calidad humana:
El blog de Marta Sepúlveda

Por tratar temas siempre interesantes y variados:
Literatura, cultura y política (blog de Francisco José Peña)
Locura ordinaria (blog de José Manuel Diez)
El blog de Indran Amithanayagam
El blog de Eduardo García Aguilar

Bitácora del Párvulo (blog de Fabricio Estrada)
El baile de los Silenos (el blog de Antonio Serrano Cueto)
La nave de los locos (el blog de Fernando Valls)
Felicitaciones a todos y muchos éxitos en su magníficos blogs.

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Gracias a la mediación de Ricardo Bada, he tenido el gusto de conocer epistolarmente al poeta onubense José Bena (Palos de la Frontera,1951), con quien comparto, además del oficio, el amor por Lisboa. Entre otras actividades José Baena ha enriquecido su trabajo literario colaborando con varios programas radiofónicos: “Y el verso se hizo mundo”, “El hombre y la palabra”, “Estero” y “Celacanto” en Radio Popular.
En esta ocasión José nos ha enviado un poema para compartir con los lectores de Inventario.

TU RISA INVERTEBRADA

Primero fue mirarte.
Imaginarte desnuda.
Redondas formas
gravitaban
convidándome
a un banquete de besos
esparcidos en infinita
y mágica geografía.
Mirarte sólo . Sólo mirarte.
Construirle alas al pensamiento
sembrando
de futuras esperanzas
blancas sábanas de sueños.
Después
un sí único
que navegaba- el agua
es seda- el aire.
Liturgia en cada fibra.
Vivientes signos me transportan
a cimas de caricias.
Emoción desbordada
y por tus venas,
mi sangre y tu sangre
ya abrazadas.
( Cuestión de tiempo
y de forma
que la imiten los brazos).
Y sobre mí , cegándome,
una lluvia de síes
desprendidos
de tu boca,
- sí, sí, sí, sí, sí…-
convocándome
al paraíso prometido.

Adivinar tus formas.
El blanco muslo,
la suave piel,
Subir como un río
de la cintura a los pechos,
invadiéndote,
alargando tus orillas,
multiplicando la lengua
y las manos;
esculpiéndote
en la sombra de mis ojos.
Inundar tu vientre,sin nubes,
en torrentes de gritos.
Sembrar en tu alma
mi deseo.

En la alcoba,
una tenue luz.
Recatada, al fondo,
tú,
desnudándote.
Adivino
la profunda inmensidad
de tus ojos.
Cae
el vestido. Mi corazón
se acelera. Contengo
la respiración mientras
te miro y te deseo.

Mujer, te quiero
así, perfecta
en tu silencio;
en la superficie del verbo
sólo forma, tacto sólo.
Sin nombres, sin molestos
signos que todo lo interrogan.
Exaltación de carne
y nadería. Silente
esfinge que odia las palabras
ansiando
las manos del tacto
transcendido
a la magia del instante.
Por eso tu boca, mujer,
no hecha para el hambre
cumple el destino
de lo imposible
cuando agrega a su silencio
el beso consumado.

Antes que la finísima
punta
de tu lengua
tocara mi mirada,
mis sueños te vieron como eres.
Porque antes que nada
naciera
te nacieron mis sueños.
atropellando los pasos
y el viento.
Es nadar despacio
para sorprenderte
en tus sombras
donde yo te invento
buscando islas.
Donde soy limosnero
de tu luz,
harina blanca
para tu pan
cuando te persigo hoy
que me sobra el mundo.

Y por qué , de tan postergada,
tú, no vas, en ascensión
de mí, hacia tu amor
más alto.
Reververancia de mi yo
hacia donde lunas, no alcanzadas,
recrean las noches
de tu cielo primerizo;
cielo niño, cielo virginal,
besos en la salsa del abrazo.
Y por qué, de tan postergados,
tus labios,
no suscitan un lenguaje nuevo
donde los fonemas
sólo hablen de amor
y al soplo de la vida
todo acabe
cuando ya no sepamos subir
por el dulce camino
del te quiero.
Y por qué, cuando nazca…
sí, en tus ojos,
guirnaldas amarillas,
se enciendan,
renacer en tu deseo
y nos alumbren, para siempre,
soles de una galaxia nueva,
la magia
del profundo misterio
de los signos.

Amor se construye
en el acaso.
Mañana
tus brazos
serán de otro
río.
Y otras aguas
lloverán tus ojos

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El pasado enero, durante el Hay Festival de Cartagena, mi amigo Libardo Barros Escorcia entrevistó al novelista argentino Martín Kohan, autor galardonado con el Premio Herralde por su novela Ciencias Morales en el 2007. Esta entrevista es inédita y hoy se publica en Inventario gracias a la generosidad de Libardo.

CÓMO VIVIR NO SABIENDO CUANDO EN VERDAD SE SABE

Por: Libardo Barros Escorcia

Los dispositivos en los que se apuntalan los gobiernos despóticos para sustentar su hegemonía empiezan por el constreñimiento de las libertades sociales gracias a que cuentan de antemano con el consenso cínico de un importante grupo de ciudadanos, lo cual les deja el camino expedito para la institucionalización de un desmedido enriquecimiento de los sectores productivos. Cuando los totalitarismos (de derechas, de centro o de izquierdas) se maximizan desembocan en un deterioro o desaparición de las empresas locales lo cual empobrece a la mayoría de la población, lo que, a su vez, termina desatando una demencial violencia.

En la Argentina de Videla, en el Chile de Pinochet, como en el resto de los gobiernos latinoamericanos, imperó en su momento un despotismo de estado, reciclado en la actualidad, el cual se disfraza con sutiles eufemismos, pero sus efectos son los mismos, ya que además del despojo de sus recursos naturales, se somete a estos países a un chantaje económico diseñado por las multinacionales que exigen ventajosas condiciones como garante de la venta de sus productos. Para lograr su cometido se valen de políticos y administradores locales sostenidos a cambio de un sueldo-soborno, a lo que se agrega una serie de estrategias ideológicas (medios de comunicación, religión, educación y penetración cultural, entre otros) para hacerle ver a la población que sin las alternativas planteadas por ellos la vida no sería posible.

En consecuencia, es una falacia imaginar que un país conformado por hombres y mujeres tan dependientes pueda aspirar a ser libre. Es también, en la mayoría de las veces, mentirosa la “crítica social y política” que se ejerce de manera mercenaria en la prensa regional y un descarado artificio la tarea que llevan a cabo las llamadas instituciones de “control” del Estado.

Estos descontentos han sido expresados cientos de veces, con mayor énfasis durante los últimos treinta años por personas que jamás claudicaron ante la hegemonía de los poderes privados (camuflados en el Estado) y toda su parafernalia, pero aún se sigue viviendo como sino se supiera, como si fuera la primera vez que se oyera y, lo peor, como sino existiera la menor disposición para comprobar su certeza.

Las circunstancias que alimentan la obra de Martín Kohan se enmarcan en la historia reciente de la Argentina, común en gran medida al resto de Latinoamérica. En su amplia producción literaria y ensayística establece unos linderos bien claros al señalar que su obra literaria se ocupa de hechos sociales y políticos, pero sólo desde la resonancia que tienen en las personas, del sentido que ganan en circunstancias específicas. Se aprecia en sus textos una amplia reflexión de la circunstancia humana en realidades concretas, ya que en los momentos más difíciles sale a flote la verdad esencial que sustenta la vida de cada individuo, pese a la sociedad en la que le haya tocado vivir.

Estuvimos en su destacada intervención en el marco del reciente Hay Festival en Cartagena de Indias. Sus ideas me suscitaron algunas dudas que valía la pena requerirle en otro tipo de conversación, a la cual accedió con gusto este amable profesor de Teoría Literaria en la Universidad de la Patagonia y la de Buenos Aires.

Nuestro país, al igual que el suyo en su momento, atraviesa hoy día por una especie de amnesia voluntaria, o peor aun, un cinismo institucional en el cual la sociedad se siente rodeada por todas la violencias y, para colmo de males, harta de la galopante corrupción institucional ¿Cómo asume desde su experiencia esta situación?

Interpretaría que no funciona sólo a nivel político y recae en el funcionario público o el militar. La eficacia de ese mecanismo funciona en todos los niveles sociales. Si fuese sólo una estrategia de la dirigencia política o militar no sería tan grave, porque en última instancia la dirigencia quedaría desencontrada de su propia sociedad. Me parece que en realidad es un mecanismo que está entre la evasión y la autoinculpación y que funciona en todos los estratos sociales; creo que es un dispositivo de autoinocentación.

La situación de la Argentina en los años de la dictadura era evidente, pero la maquillaban y el país tuvo que acudir a muchas argucias ideológicas para sostener el orden. ¿Existió alguna complicidad entre los responsables directos de esta circunstancia y quienes no decían nada, callaban descaradamente?

La sociedad argentina, luego de la dictadura, se presentaba a sí misma como doblemente víctima de todo lo que pasó: de la represión estatal y la lucha armada de los grupos insurgentes. La llamada teoría de los dos demonios. Si había dos demonios había una doble victimidad. La sociedad inerme, neutral, rehén, entregada a estas dos fuerzas malvadas que chocaron sobre su cuerpo doliente. Y eso no fue así, creo yo. En primer lugar porque no se puede equiparar a las dos fuerzas. Me parece que fue la solución más cómoda con la cual la misma sociedad pretendió eludir ese punto donde esa pasividad era complicidad y no solamente victimidad. Lo de la complicidad te lleva a la cuestión de si se sabía o no se sabía. Sobre todo algo más complicado, del saber o no saber. ¿Cómo vivir no sabiendo cuando en verdad se sabe? Esto lo rastreé en mi novela desde situaciones habituales. A mi me interesa, por eso, lo que la literatura puede tocar en lo más concreto de la experiencia. Porque es ahí donde los dispositivos de la represión o de la complicidad funcionaban camuflados en la vida cotidiana. Traducir todas estas abstracciones a una materialidad concreta y por lo tanto diaria de esos mecanismos.

¿Qué escritores han profundizado en esa negación de lo evidente?

Algunos escritores chilenos después de la dictadura de Pinochet. Se vio mucho en Argentina desde mediados de los años ochenta. Sobre esta cuestión nombro a Pilar Calveiro. Sus libros han sido para mí un referente de mucha lucidez sobre esta cuestión. Así mismo, los ensayos de Hugo Besetti. Estos autores, entre otros me han ayudado a entender.

En su reciente exposición afirmaba que cuando comenzó la dictadura Argentina tenía nueve años y, por lo mismo, no había formado parte de ninguna militancia, ni supo de las cosas tal como fueron en su momento . ¿Cómo puede contar entonces algunos hechos tal como sucedieron?

Yo no narro desde la vivencia, por cuestiones lógicas. Ni siquiera hago uso del testimonio. Esa no es mi perspectiva, como dije. Hay otros discursos, el histórico, las memorias, que son más adecuados para esa función. Mi literatura no está centrada en los acontecimientos políticos por carecer de una memoria o una militancia de la que deba dar cuenta. Mi acercamiento a estos materiales es distinto del que escribe desde el discurso testimonial. Mi referencia a los hechos históricos es oblicua, dispersa. Nunca en clave realista. Exploro otros aspectos de las circunstancias sociales. Por la sencilla razón de que son más que eso. Son significaciones sobre la realidad pura de los hechos. Es más importante la significación volcada sobre ellos que la realidad de los hechos. Por eso no concedo importancia a la investigación. Tampoco trabajo sobre mis propias vivencias. Le doy gran importancia a los ecos y las resonancias interiores sin preguntarme de dónde vienen.

Sobre la realidad sociopolítica en la cual se enmarca su libro más reciente, Ciencias morales, ganador de un importante premio, ¿cómo asume su vivencia como bachiller del Colegio Nacional de 1980 a 1985 en la debacle de la dictadura y comienzo de la democracia?

No asumo el tema central, que es la autoridad, el autoritarismo, desde mis vivencias. No le encuentro mucho interés. Lo que busqué trabajar en el colegio de la Patria, el de la tradición, el de los próceres, fue la realidad desde las autoridades, más que el mundo de los estudiantes. El aparato de control, el aparato de disciplina, la imposición del sentido del deber. Ver cómo esos dispositivos rigurosos y fuertemente morales no hacen sino llevar a las formas más perturbadoras de degeneración. Por eso muestro a la preceptora, quien pese a su carácter implacable y represivo, cree que lo hace de la mejor manera según sus funciones y obligaciones.

¿Por qué entonces eligió este colegio y no otro?

Porque hace parte de los mitos de la identidad nacional, y esos mitos son importantes porque movilizan voluntades. Además, la literatura me permite enfrentar mi completo escepticismo contra la tremenda eficacia de la mitología nacional. Y otro mito importante que tenemos los argentinos es creer que estamos destinados a la gloria, pero existe en contra nuestra una cierta conspiración internacional. Esa épica nacional del fracaso, tanto en lo político como en lo deportivo. El mejor ejemplo es Maradona, quien viene a ser el resultado de esos dispositivos y a la vez quien mejor los maniobra. Por el otro lado está la épica de la derrota deseable, como sucedió en la guerra de las Malvinas. A mí me interesan esos temas de la mitología patriótica desde distintos modos.

¿Cuál es entonces el verdadero rostro oculto en todo aquello?

Que al profundizar en el mundo de las autoridades y no el de los estudiantes, que fue el que yo viví, descubrí que detrás de todos aquellos seres implacables y siniestros se revelan unos pobres tipos. Lo cual no quita que no merezcan alguna clase de compasión. Videla tiene un hijo con discapacidad mental. Esto podría servir como material para un cuento, si lo ponemos en una cena en su casa. Videla es un tipo muy rígido moralmente, muy convencido, un asesino, pero es un criminal muy convencido de haber obrado completamente en el terreno del bien. Pero, pese a lo aberrante de su comportamiento, es un pobre tipo. Esto aumenta mi desprecio por la sordidez y la miseria de figuras como él presentes aún en todas las instancias de poder en Latinoamérica. Por eso no deja de ser inquietante saber cómo sería una noche, una cena, en casa de esos tipos.

A pesar de la claridad que siempre hace entre el deslinde de la política y sus libros, no ha dejado de hablar de política, ¿qué tan cerca puede estar la política de la literatura y en qué se sirve la una de la otra?

A mí me interesa cuando la literatura es política precisamente porque es literatura. Porque la literatura hace con los hechos políticos y con el pensamiento político algo distinto de lo que la realidad política suministra, ahí está el plus. La literatura no es la continuación de la política por otros medios. Tampoco la literatura es la ventana desde donde se puede ver la política. La literatura es algo en sí mismo. Cuando aborda una situación lo hace para transformarla. Que descubra las significaciones, los imaginarios, que no detecta la realidad política misma. No estoy hablando de reducir la realidad a la literatura. Se trata de ver cómo la literatura interviene sobre esa realidad. Lo que imaginamos forma parte de nuestra realidad; por lo tanto, la realidad incluye nuestros imaginarios. Todo lo que imaginamos está metido en la realidad con las cosas materiales y concretas. No se puede hacer literatura como si fuese la realidad, porque no lo es. Me interesan los efectos que tiene la ficción sobre la realidad, su mediación. Hago la salvedad de que el récord de investigación sobre mis novelas históricas es de 6 minutos, el día que me apliqué.

¿Cuál cree que sea la dimensión pedagógica que tiene su obra en la sociedad?

No lo pondría en términos de pedagogía. Soy docente, pero la función pedagógica que ejerzo como profesor no la trasfiero a mis libros. No pienso la literatura trasmitiendo un mensaje o trasmitiendo una certeza, sino más bien indagando sobre otras cuestiones, poniendo a circular significados que reboten sobre otros significados. Ideas, criterios, sentidos, que reboten sobre otros sentidos y provoquen cosas que no puedo proveer. No soy dueño de una verdad que trasmito pedagógicamente a través de mis libros, yo sólo detecto algunos sentidos y los pongo en circulación en un texto, y eso sé que va a rebotar en la lectura con otros sentidos y con otras sensibilidades, y yo no gobierno ese efecto. Más bien tengo la expectativa de qué va a pasar con eso en la lectura.

¿Lo piensas como una idea que suscita otras ideas?

Así funciona para mí la literatura. No sé lo que suscito. Es mi forma de vida, en realidad. Es un temperamento, también una forma de ser, tan simple como eso.
Se define, pese a su educación judía, como ateo y antisionista, además, como un escéptico y a la vez un irónico no pacifista. ¿No cree que esta es una actitud cínica frente a la vida?
Es bastante difícil definir mi judaísmo. No me casé con ninguna judía, mis estudios primarios los cursé en un colegio judío, lo cual generó en mí un ateísmo indomable y un antisionismo radical. No comparto, prácticamente en nada la política de Yaveh ni la política del estado de Israel. En cambio, sí colaboré con la gente que se fue a plantar naranjos al desierto del Sinaí. Lo que tengo de judío es el humor, el gusto por su música y otros elementos de su cultura. No escribo desde el judaísmo, ni me considero un judío profesional. Tampoco soy esa especie de cínico posmoderno que descreo de todo, que todo me resbala. Si ironizo de las mitologías nacionalistas, eso es otra cosa.

¿Es usted pacifista…?

No soy pacifista. No lo puedo ser porque apoyo la violencia revolucionaria. Sé lo que eso significa en esta época que la sola palabra revolución debe ponerse entre comillas. Pero uno puede constatar cómo la clase dominante ofrece una resistencia violenta con la que hay que contar a la hora de querer cambiar ese poder. Creo en la movilización revolucionaria de las masas. En ello percibo una épica, una forma narrativa con la que se puede mediar entre literatura y política. Como para mí no hay una épica de guerra nacional, lo que me interesa es cómo la literatura argentina volvió sobre la guerra de las Malvinas, cómo la despojó de esa épica guerrerista y le inventó una manera diferente de narrarla. Con ello logró el desmoronamiento de esa mitología nacional. En cambio, sí creo en la épica revolucionaria, porque considero que el mundo es injusto y hay que luchar porque sea más justo.

Libardo Barros Escorcia: Doctor en Ciencias Históricas. Profesor de la Escuela Normal Superior La Hacienda y catedrático de Uninorte.

Fotos de Martín Kohan: Libardo Barros Escorcia

Etiquetas: autores argentinos, entrevistas, Libardo Barros, Literatura hispanoamericana, Martín Kohan

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